Leyendas del Salar de Tunupa

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Existe una leyenda aimara que cuenta el origen de ese precioso Salar, y tiene como protagonista a Tunupa, una madre lactante.

Según esta leyenda, Tunupa, Kusku y Kusina, las montañas ubicadas al borde del desierto, eran gigantes. Tunupa y Kusku estaban casados, pero Kusku huyó con Kusina, lo que generó que Tunupa se pusiera a llorar durante la lactancia de su hijo. Así, sus lágrimas se mezclaron con su leche, formando el Salar, al que por eso se le conoce como el Salar de Tunupa, oficialmente Salar de Uyuni.


Hace mucho tiempo, los volcanes del altiplano caminaban, se desplazaban para encontrarse y mantener largas conversaciones. En esta región desértica, a 4000 metros de altitud, solo había un único volcán femenino: el Tunupa. Todos los demás volcanes de los alrededores le querían.

El Tunupa se encontró embarazada y parió un pequeño volcán cuyo padre no se conocía. Los volcanes que la habían cortejado querían todos ser el padre del bebé. Se pelearon toda la noche y retiraron al niño volcán a su madre para ocultarlo en Colchani.

Entonces, para castigarlos, los dioses se pusieron furiosos y retiraron a los volcanes el derecho a desplazarse, a hablar y a encontrarse.

A partir de ese día, el Tunupa que alimentaba a su niño y lo amaba mucho no pudo buscarlo. Volcan Tunupa como otros, fue clavada al suelo, muda en su dolor. No sabe que en Colchani, un pequeño volcán muy parecido a ella, se lamenta solo, en los alrededores del pueblo.

Tunupa llora, sus lagrimas y su leche se extienden sobre la tierra árida que ha quedado blanca y salada … Así nació el gran Ténéré blanco, el Salar de Uyuni.


Se dice, que en tiempos remotos Cuzco, Cosuña, Coracora, y Chillima (los volcanes sobresalientes a nordeste del Salar) hacían sus viajes hacia los valles, para aprovisionarse de algunos productos como maíz, frutas y otros para el sustento de sus familias, llevando por su parte productos de la región a lomo de llama como se hace hasta ahora.

Durante estos viajes anuales de los galanes a los valles, llegaron a conocer a la bella Tunupa, y cuentan que fue Cosuña el primero en enamorarse de la bella mujer, conviviendo con ella hasta producir el primer fruto, que fue una criatura, un hijo. Pero al cabo del tiempo ambos amantes sufrieron las consecuencias de los celos, que nacieron en el varón acerca de su vecino, el Cuzco, y que quisieron resolver con bravas peleas entre ellos. Pero provocaron el abandono de Tunupa y la entrega de su hijito al papá Cosuña, de color muy parecido al de Tunupa. De esa forma la bella mujer comienza a tener problemas con sus galanes del altiplano.

A raíz del conflicto entre Cosuña y Cuzco, Coracora aprovecha la ocasión de conquistar a la bella mujer Tunupa y, seduciéndola después de haber entregado a su hijo al papá, se van conviviendo en un largo viaje. Llegan a un lugar llamado Santura, donde se cuenta que han vivido y que han dejado una Taquiraña para beneficiar la quínoa y también una Khona. Pero, como el pecho de la bella mujer estaba lleno de leche que no podía consumir su lactante, tuvo que dejarlo chorrear en el lugar llamado Jyayo Khota. Allá en una hoyada hoy se ve la huella de un blanco salar.

Siguieron su caminar hacia la región de Salinas y Tagua, donde también convivieron un tiempo no muy largo, pero lleno de felicidad. Aquí se habían comprado prendas de vestir para Tunupa.

También esta felicidad se truncó por los celos de Coracora hacia Tunupa. Tunupa cae en amores con un nuevo galán, Chillima, de la misma región y, cuando están decididos a convivir, Coracora y Chillima se enfrentan en un duelo a muerte. Chillima está muy bien armado, incluso con una cuchilla, que hoy podemos observar como una pequeña isla en el salar que recibe el nombre de Cuchilla. Chillima, patea con furia a Coracora y le revienta la vejiga de la orina, dejándolo herido de muerte. Hasta el día de hoy sigue rezumando agua en todo su entorno. Pero Coracora consigue golpear con fuerte puñete a Chillima, al que se le puede apreciar hoy en día la falta de un diente.

Cuentan que entre ellos se decían:

– Chillima te saqué los dientes… –
– Yo también te reventé tu vientre… –

Coracora, que se sentía vencido por Chillima, reclama de Tunupa las abarcas que le había regalado. Desdeñosa, decide devolverlas arrojándoselas a Coracora. Todavía puede verse como dos cerritos parecidos a un par de abarcas, que se encuentran ambos lados en la población de Salinas.

Después de la reñida pelea, Chillima, sintiéndose vencedor, queda al mismo lado de la bella mujer, solamente separados por una pequeña abra, pero en estrecha convivencia. Tunupa, llena de la leche que no pudo mamar su hijo abandonado a su padre, la hizo ir saliendo en abundancia constituyendo el gran salar, que es un maravilloso don para la región entera.

* Tunupa: Divinidad primitiva de la zona del Titicaca, sustituida con Qhön Illa T’ijsi Wiraqöcha por los Incas y confundida por los cronistas del Coloniaje con el apóstol Santo Tomás.

Existen diversas variaciones de esta leyenda, sin embargo tienen siempre por objeto el Tunupa, el Salar y los volcanes que lo rodean.

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